martes, 22 de enero de 2013
lunes, 21 de enero de 2013
viernes, 18 de enero de 2013
de madrugada
De madrugada se despiertan todas
las esperanzas y se edifican todos
los sueños.
De madrugada se proyectan todos
los futuros y se entierran todas
las dudas.
De madrugada se anticipan todas
las dificultades y se intuyen todos
los desvíos.
De madrugada se conquistan todos
los obstáculos y se minimizan todas
las derrotas.
De madrugada.
las esperanzas y se edifican todos
los sueños.
De madrugada se proyectan todos
los futuros y se entierran todas
las dudas.
De madrugada se anticipan todas
las dificultades y se intuyen todos
los desvíos.
De madrugada se conquistan todos
los obstáculos y se minimizan todas
las derrotas.
De madrugada.
Justo antes de dormir.
Justo antes de morir.
viernes, 11 de enero de 2013
jueves, 10 de enero de 2013
posibilidad
dije lo que dije y en el instante en que la lengua dibujó las palabras sentí el dedo frío en el centro del alma.
(((primera vez que percibo la posibilidad como real, concreta y sanadora)))
(((primera vez que percibo la posibilidad como real, concreta y sanadora)))
viernes, 4 de enero de 2013
viernes
del alcohol como buffer social
y de la licuadora como eje de las relaciones
del cordero (no de Dios) como nexo que diluye asperezas
y de los silencios que dicen más que cualquier brindis
de la resaca que intuyo feroz
y de la pila duracell (conejito maldito) que permite seguir
y de la licuadora como eje de las relaciones
del cordero (no de Dios) como nexo que diluye asperezas
y de los silencios que dicen más que cualquier brindis
de la resaca que intuyo feroz
y de la pila duracell (conejito maldito) que permite seguir
domingo, 30 de diciembre de 2012
continuar
No tengo paciencia para esperar
el año nuevo y empezar ciertas
maniobras de resucitación que
permitan retomar el control de mi vida.
Probablemente tampoco tenga
disciplina suficiente para
mantener esta determinación
que siento a esta hora de la madrugada.
Sin embargo aquí estoy.
Una vez más prometiendo
y buscando incentivos que
me permitan seguir.
O empezar.
O terminar.
Algo que sea verbo y no puro adjetivo.
Y entiendo que no debo pensar.
Y acepto que no debo dudar.
Y presiento que no debo sufrir.
Pero más que nada debocambiar continuar.
el año nuevo y empezar ciertas
maniobras de resucitación que
permitan retomar el control de mi vida.
Probablemente tampoco tenga
disciplina suficiente para
mantener esta determinación
que siento a esta hora de la madrugada.
Sin embargo aquí estoy.
Una vez más prometiendo
y buscando incentivos que
me permitan seguir.
O empezar.
O terminar.
Algo que sea verbo y no puro adjetivo.
Y entiendo que no debo pensar.
Y acepto que no debo dudar.
Y presiento que no debo sufrir.
Pero más que nada debo
miércoles, 26 de diciembre de 2012
un buen plan
Descubrir que el dolor que generan las grandezas no obtenidas muchas veces opacan la alegría de las miniaturas edificadas.
Racionalizar el error en eso.
Permitir que el dolor se diluya y la alegrìa se concentre.
Seguir soñando grandezas, continuar construyendo miniaturas.
Disfrutar de los logros y aprender de los fallos.
Ser feliz con lo que se (ob)tiene.
Ser feliz con.
Ser.
lunes, 24 de diciembre de 2012
lunes, 5 de noviembre de 2012
duelo
Sigo sin entender la sensación generalizada
de alivio que se percibe. Una racionalización feroz de la situación en donde no
se ven lágrimas, ni dolor ni angustia. Pasan las horas y los días sin señales
de duelo tal como lo describen. Sólo pequeños relatos donde verbaliza (ahora sin
filtro) anécdotas y vivencias de años y décadas atrás.
Es como si el velo de la parca en
lugar de difuminar los errores pasados, hubiera traído a flote todo aquello que
antes no se permitía mencionar. Y en esa catarata de historias surgen mínimas
notas de rencor, discretas cuotas de resentimiento y un aire de libertad ganada.
Percibe su ausencia en pequeños detalles cotidianos, pero lejos de mostrar
nostalgia traduce la sensación a palabras que suenan a mejora, a progreso, a evolución
positiva de las circunstancias.
Con respecto al tema cementerio
no voy a opinar porque probablemente haría lo mismo y no me acercaría a ver una
pared que detrás contiene sólo carne en descomposición. De todas maneras,
conociendo su perfil de hacer lo que es socialmente aceptado y demandado
resulta extraño que no haya ido ni una sola vez. Por otro lado, no sorprende ni
una pizca que su preocupación más grande en la misa del domingo haya sido al
llegar tarde y haberse perdido que lo nombraran. Tampoco asombra que haya
comprado los dos diarios donde salieron las necrológicas y salutaciones, ni que
haya guardado todo lo que sea referencia mediática de la muerte.
Y no olvidemos el tema del dinero.
Constante, persistente y siempre presente. Cuándo, cómo y cuánto. Sobre todo
cuánto. Y el brillo avaro en la mirada al saber los montos y planear el uso
consumista de los mismos. Esa borrachera de encontrarse con un tesoro no
esperado y sin restricciones que le impidan usarlo como más le plazca.
En fin, qué puedo agregar. Salvo que
sólo puedo leer una vulgar pantalla social de lo que se supone debe ser un
duelo mientras que en privado se le deslizan por las comisuras la tranquilidad
de encontrarse frente a su vida y reconocerla como propia e individual, sin
ataduras y sin condiciones.
jueves, 18 de octubre de 2012
plan B
Hay días en los que me doy cuenta
que no está bien estar así, que no es normal estar adormecida todo el tiempo.
Porque aunque sea cómodo no es placentero. Para nada. Pero sigo en la misma y
no encuentro esa fuerza que venza la inercia, esa energía que ponga los
engranajes en movimiento para provocar un cambio real y constante.
Muy pocos estímulos pasan a través de estas capas
acumuladas de resistencia y dureza antigolpes y me hacen acordar que estaba
bueno estar en contacto con la gente: recibir un mail con palabras lindas
diciendo que extrañan tomar mate conmigo, o aflojar por un rato y descubrir que
un beso puede decir muchas más cosas que mil cartas, o recibir un llamado
telefónico porque sí preguntando cómo estoy y esperando una respuesta real. Y
entonces me encierro en la ducha a llorar hasta quedarme sin aliento y a pensar
estrategias que me permitan reencontrarme con esa que fui y que me gustaba
tanto.
Pero a lo mejor no tengo que
buscar a una que fui sino que tengo que encontrar una nueva *yo* que tenga las
buenas cualidades que yo se quedaron escondidas bajo toneladas de mugre propia
y ajena y que sepa decir que no cuando corresponda y que sea amable y que sea
cuidadosa de su persona y que sepa que de sus fragilidades vienen sus
fortalezas y que aprenda que a veces hay que retroceder para tomar impulso y
que entienda que la soledad a veces está buena pero todo el tiempo te come el
alma y que mire alrededor y que hay gente cerca que vale la pena y que
encuentre la forma de transformar una herida en una cicatriz y que finalmente
encuentre el perdón o el olvido y que …
miércoles, 17 de octubre de 2012
viernes, 12 de octubre de 2012
*estoy*
Me preguntaste “¿cómo estás?” Yo
*estoy*. Ni bien ni mal ni masomenos ni
menosmas. *Estoy*.
Ni siquiera se cómo explicarlo.
Trato de ordenar mis ideas y de encontrar palabras para explicar esta sensación
indefinida, este limbo en el que me parece que estoy sumergida y no puedo poner
dos letras seguidas que expresen lo que pasa por mi cabeza y por mi corazón.
Intento ponerme del lado de
afuera y estudiar el panorama buscando algún indicio y sólo veo tranquilidad
(demasiada), desgano (demasiado), apatía (demasiada), aburrimiento (demasiado),
cansancio (demasiado), ausencia (demasiada) y disgusto (un poco). Cualquiera
que me vea no va a notar nada arrugado o molesto, sólo un poco vacío.
Todos alguna vez hemos dejado que
la cabeza vuele lejos mientras dejamos el cuerpo abandonado acá hasta que
alguien viene y nos agarra de nuestro hilo barrilete nos trae de vuelta a la realidad. Yo siento
que me fui lejos y que ya no encuentro el camino de vuelta. Veo gestos
alrededor mío y siento como amortiguadas por una almohada las palabras cercanas
que intuyo tratan de devolverme a mí misma, pero es mucho más cómodo quedarme
acá.
Y no me preguntés dónde es *acá*
porque no tengo ni idea. *Acá* es un lugar silencioso, con poca luz, que hace
que duerma mucho aún cuando no tengo sueño. *Acá* es saber que mientras no me
mueva mucho puedo ser funcional y pasar desapercibida bajo el radar escrutador
que todo lo califica y lo denigra. *Acá* es un mar tranquilo de agua tibia en
la que floto con los ojos cerrados dejándome arrastrar. *Acá* es sonreír a
veces viendo que la vida que colaboré a crear es autónoma y fuerte. *Acá* es
una cama grande que siempre está mullida y un televisor que siempre pasa series
nuevas. *Acá* es jugar absurdas travesías en una pantalla llena de colores mientras
me diluyo en gris. *Acá* es cualquier actividad que me permita poner el cerebro
en pausa y aturdirme hasta que sea imposible mantenerse despierto.
*Acá* es cómodo porque es una
realidad (un sitio?) que no necesita demasiado gasto de energía para mantenerse.
Soy un ente que sigue corrigiendo tareas, sigue cocinando, sigue limpiando,
sigue preocupándose por el bienestar ajeno, sigue escuchando, sigue siendo
madre, hija, esposa, amiga, compañera de trabajo, y cuanto rol me toque ocupar.
Y aunque todo está navegando sin demasiadas tormentas, se siente raro, se
percibe que bajo esa superficie serena hay algo oscuro que crece.
Vivir así es igual a tener un
dolor crónico, molesta y resulta incómodo pero se soporta y entonces uno sigue
quemando oxígeno y haciendo de cuenta que vive cuando en realidad sólo subsiste
sin sentido aparente y sin objetivo visible más que permanecer sin que nadie
moleste dentro de la burbuja calentita que está mullida y cómoda. Aprendes a
convivir con una piedrita en el zapato, sabés que con sólo agacharte y
desatarte los cordones podés arreglarlo, pero es más simple seguir caminando.
martes, 18 de septiembre de 2012
profes
Lo bueno de volver a ser alumna es reencontrarme con estas
ganas y esta excitación que toda la vida me generó aprender algo nuevo de la
mano de alguien que no sólo sabe muchísimo más que yo, sino que tiene
entusiasmo y ganas de trasmitir lo que sabe.
Eso me hizo pensar en los profes y maestros que tuve a lo
largo de mi vida como alumna desde la primaria (no, no fui al jardín de
infantes), pasando por la secundaria, mi breve paso por la universidad, las dos
carreras del terciario, los cursos y talleres y seminarios y conferencias y el
inmenso etcétera en el que me encontré en situación de aprender y ser enseñada.
De todos ellos sólo un puñado permanece grabado en el pedazo
ese de memoria donde guardamos a las personas que fueron importantes y que
marcaron una diferencia en nuestra vida. Y analizando a los integrantes de ese
puñado veo que todos tienen características comunes:
1-
Un
entusiasmo genuino por su trabajo, hacen lo que les gusta y les gusta
mucho. En Tandil, mientras estudiaba
magisterio, tuve una profesora que nos dio durante un año historia argentina. A
mí la historia honestamente nifú-nifá pero esta mujer tenía una forma de
contar, de explicar, de decir que hacía que uno quedara totalmente atrapado y
que siempre quisiera saber más. Estoy hablando de mediados de los 90, la época
pre-Pigna y cuando el revisionismo histórico apenas estaba empezando, pero esta
profe daba unas clases divertidísimas donde nos contaba chismes de los
próceres, nos describía cómo se bañaban, peinaban, y maquillaban las damas, nos
mostró el retrato de Manuelita Rosas y con eso nos explicó cantidad de cosas de
la vida en sociedad y de las relaciones internacionales durante el período
rosista. Cómo sería la pasión que transmitía que tiempo después de haber
terminado seguíamos yendo a la casa a pedirle libros y a que nos siguiera
explicando sólo por el gusto de sentarnos a tomar el té con ella. Y cada vez
que voy a Buenos Aires al menos una hora tengo que pasar por el cementerio de
la Recoleta para seguir paseando por las callecitas internas acompañada por su
relato.
2-
Optimismo, alegría y esperanza en el futuro. Es
prácticamente imposible comprometerse con la tarea docente si no tenés un
mínimo de fe en que a través de la educación se puede mejorar la situación en
la que estamos viviendo. Y no sólo por el pensamiento de principios del siglo
XX en que se tomaba a la educación como medio de movilidad social, sino porque en
la convivencia diaria en el aula se deben poner en funcionamiento valores que
hacen a que seamos mejores humanos. Un profe nos contaba sus anécdotas de
estudiante terrible y nos hacía reír constantemente en sus clases con chistes
pedagógicos y autocríticos que siempre remataba con una frase: “si yo pude
crecer y mejorar, cómo no van a poder crecer y mejorar ustedes y cómo ustedes
no van poder ayudar a crecer y mejorar a sus alumnos”. Capo total.
3-
Amabilidad y generosidad. He tenido profes que
son absolutos genios. Pero ojo, no genios de decir “ah, que genial tu clase”
sino genios de cráneos totales que tienen hechas publicaciones grosas; me
acuerdo de tres en particular: dos que tienen publicados libros de pedagogía y
didáctica de ciencias y uno con papers zarpados de química. Y si algo tenían
estos genios era que siempre fueron abiertos y desprendidos con sus conocimientos
y con sus recursos, jamás fueron mezquinos ni egoístas ni soberbios ni
agrandados. De una de ellas me acuerdo que nos había dado un trabajo para hacer
que necesitaba de bibliografía específica que no se conseguía en cualquier
librería o biblioteca, cuando le contamos que no encontrábamos los textos
necesarios en ningún lado dijo “no hay problema, mañana les traigo”. Al otro
día trajo cinco cajas grandes rebalsando
de libros y dijo: “agarren lo que necesiten y llévenselo hasta que terminen el
trabajo”. Generosidad exponencial infinito.
4-
Capacidad de percibir las necesidades ajenas y actuar
en consecuencia. Yo empecé la escuela en 1975, en ese año habían cambiado
alguna ley de educación por la cual 1°, 2° y 3° grado se hacían como una única
etapa con la misma maestra, en nuestro caso salimos bendecidos con la
fantabulosa, energética y dulce Seño Susana. En esa época no existían aulas
integradas ni ninguna corriente pedagógica que propusiera que los chicos con
dificultades severas podían mejorar a través de la convivencia con los alumnos
con un ritmo de aprendizaje adecuado a su edad cronológica. En aquella época al
primer síntoma de *retraso* se hacían un par de test y se los mandaba a las
escuelas de chicos especiales. En nuestro aula estaban Alberto y Stella que no
avanzaban al mismo ritmo con las letras y los rulos como nosotros, pero la Seño
Susana no pensaba dar el brazo a torcer para derivarlos a una escuela especial.
Les buscó tareas, les armó actividades
individuales para cada uno, les consiguió unos libros distintos de los nuestros
y logró que ellos aprendieran lo mismo que nosotros pero sin tratar de
cambiarles el ritmo y sin tratarlos diferente que al resto de sus alumnos. La
Seño Susana interpretó cuáles eran las necesidades de estos chicos y buscó la
manera de cubrirlas. Lo genial fue que en el proceso nos enseñó tolerancia, nos
enseñó que todos tenemos talentos ocultos y nos enseñó que aunque todos somos
distintos podemos convivir y beneficiarnos mutuamente. En 2°grado recuerdo muy bien
que nosotros ya estábamos por las restas y ellos recién estaban empezando con
las sumas y todos en el aula nos peleábamos por sentarnos con Stella porque nos
gustaba ayudarla en matemática y Alberto nos hacía muchos de los dibujos de las
carátulas del mes porque dibujaba hermoso. Cuando llegamos al final de 3°grado,
todos hacíamos las mismas tareas y si bien a ellos les costaba un poco más,
todos pasamos juntos a 4° y juntos seguimos casi toda la primaria. Stella
repitió 6°grado porque le costaba mucho matemática y Alberto cuando terminó 7°
se fue a una escuela técnica (ahora es un mecánico de lujo).
Cuánto de nuestra vida diaria
sigue regida por esos valores que aprendimos en las cuatro horas diarias de
convivencia en la escuela. Cuánto más aprendimos dentro del aula aparte de
letras y números. Cuánto de todo eso hay que agradecer a que en nuestro paso
por la escuela tuvimos profesores y maestros inspiradores.
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