martes, 30 de marzo de 2004

ciclos

Estuve leyendo algunas cosas viejas mías. Cosas que escribía allá lejos y hace tiempo. Y me di cuenta que me siguen torturando casi las mismas miserias, los mismos miedos, los mismos dolores.
Algunos de los papeles que escribía con letra chiquitísima y que escondía para que nadie viera (para que nadie me reclamara más tarde por sentirme así, como si fuera algo que yo pudiera controlar voluntariamente), parecían sacados de mi cabeza o de mi corazón hacía apenas minutos.
Cuántas veces en esos papeles me planteaba la necesidad de "cambiar", de imponer mi voluntad a mi destino, de manejar yo misma mi existencia y no dejar que el mar me lleve por los caminos de sus corrientes caprichosas. Supongo que eso no debe ser un buen síntoma. No debe ser nada bueno que la vida de uno se repita en círculos. Por que si fueran espirales como a veces me parece, uno por lo menos avanzaría, lentamente, muy lentamente, pasando por los mismos paisajes repetidos pero siempre un poco más afuera (o más cerca, dependiendo del sentido en que caminemos) del centro. En cambio yo me siento como esos caballos de los pisaderos, círculos eternos que me hacen caer siempre en los mismos lugares, que me dan la falsa ilusión de perseguir una zanahoria que nunca llegaré a alcanzar y que siempre está un par de pasos más adelante.

No sé.
A lo mejor no me alcanza con esto de "extirparme los dolores" por medio de las letras. A lo mejor no es sólo otro período más de cuervos negros, con necesidad de vomitar fragmentos de espejos enmohecidos. A lo mejor no me alcanza con pretender ser Sylvia Plath o Alejandra Pizarnik y envolver la locura y el miedo a vivir en metáforas floridas y en construcciones semánticas elaboradas.
A lo mejor no alcanza con esto.
No sé.

No hay comentarios.: