viernes, 5 de septiembre de 2003

el amor es una gran mentira

He necesitado un poco de tiempo para llegar a esta conclusión y asimilarla, pero finalmente el veneno ha sido inyectado en su correcta dosis, y ya puedo volver a la normalidad, con una importante lección añadida: que el Amor, lo que todos llamamos Amor, es una mentira enorme.

Desde luego que no, no es ninguna frase novedosa. La hemos oído un millón de veces en los labios de personas desilusionadas, heridas, abandonadas. Creo que todos mis posts anteriores no son más que la introducción a esta proto-conclusión que con tanto esmero estoy escribiendo. Es una provocación. Os quiero provocar.

¿Qué es el Amor? Es un reflejo mimético egoista. Es un reflejo porque sentimos "Amor" sin querer. Es mimético porque copiamos la conducta amatoria de quien nos rodea. Es egoista porque sólo buscamos el bienestar personal. Es una manifestación de goce animal puro y duro. Mero onanismo mental de mamíferos bípedos que se nutre en fuentes heterogéneas, como la autoestima, el placer sexual, el placer de la compañia, y demás instintos maternales.

Preguntad a la gente lo que es Amor, no sabrá contestar. Es el más incomensurable de los conceptos, la menos falsable de las mentiras - porque, en verdad, ¿quien desea invalidar su estatus? Vivir en la mentira del Amor es maravilloso mientras dura. Uno considera que todo puede ir bien, que los días llegarán, que todo se andará. Chorradas.

Como buen adicto a la droga del romanticismo, puedo deciros que uno dificilmente puede aguantar el mono. Así como hay gente que necesita saber que existen los vampiros, o que los pitufos son algo real, hay gente que necesita saber que el Amor existe. Sugestiones no faltan: una familia feliz con su crio; la madre con su hijo; la pareja de enamorados; los amigos que han compartido mil aventuras. A veces yo mismo he llegado a auto-sugestionarme.

Bievenidos al Desierto de lo Real. Donde el Amor pronto pierde toda su carga y se convierte en compromiso, en prisión, en rutina. Día tras día se desmantela el precioso castillo de naipes que habíamos edificado con esmero: de él sólo queda la Sombra. Somos seres sociales, dijo el Estagirita... cuando el peso de la soledad se hace insostenible, buscamos pronto una muleta o dos. Con desesperación nos aferramos a cualquier sueño, a cualquier posibilidad. Como alcoholicos aferrados a su botella.

Ah, el Amor. Aquella melange por la cual se mueven mundos, se escriben millones de ríos de tinta, se gastan fortunas... el Amor... aquél ídolo por el cual la gente miente, mata, se mata, se deja matar, engaña, se come el tarro, acaba en un manicomio... Sí, es él, el Amor, aquello que me hace perder todo el humor y todas las ganas de levantarme por la mañana. Es él, el Amor, el maldito bastardo que necesito en mi sopa.

El Amor... el Amor existe... por desgracia existe y yo no lo tengo.

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